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Por: Juan de los Palotes

Buscando por algún lado la salud espiritual, que libra de todo mal al que tiene fe en Jesús, en el ungido, en Mambrú y en Las Penas de Arrabal.

Una piara de creyentes y el peregrino de Moca, emprendieron una loca carrera hacia el Occidente, moviéndose diligentes desde aquí hasta Puerto Plata, de la manera insensata que acostumbran los cristianos, arriesgando al que está sano en la inútil caminata.

El mismito peregrino que pedía la reelección, hoy instó a la población a seguirle en el camino que el sobrino de Quirino emprendió cuando fue a cielo.

Y aunque entre aquel bigañuelo y en este hay gran diferencia, es claro que la imprudencia parte del mismo modelo.

El peligro de contagio de esta peste peligrosa se regodeaba ostentosa como maldito presagio. Y como dice el adagio que “La fe mueve montañas”, Monchy usó sus malas mañas para darle al peregrino los permisos de camino y cuartos pa’l ron de caña.

Aunque creen que Roquelito es el que metió la pata, se comenta en Puerto Plata que este cabeza e’ chorlito, solo les prestó un ratito su aparato de sonido; que fue Monchy y el ungido, actuando de mala fe, que armaron este bembé para dejarlos moridos.

 

 

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