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Por: José Francisco Peña Guaba

En mi confinamiento, que a fuerza de la naturaleza y la providencia me obliga a esconderme de este virus letal para apostar por la vida como la mayoría de los ciudadanos a escala planetaria, estoy inmerso en esa manía voraz de leer cuantos informes, opiniones, propuestas e ideas que llegan a mi mano, gracias a la magia de la tecnología, me ha permitido tener una visión propia de los efectos y consecuencias de esta pandemia, tocando en particular a nuestra patria en situaciones políticas especiales que nos deberá engrandecer como nación, claro está, si su clase dirigencial asume su rol y piensa en el pueblo primero.

Cómo advertimos desde el Foro Permanente de Partidos Políticos de la República Dominicana (FOPPPREDOM), es inevitable la posposición de las elecciones pautadas para el mes de mayo. El pleno de la Junta Central Electoral (JCE) acogió la semana pasada el sentir de la sociedad y como es lo correcto, les ha solicitado la opinión a los partidos políticos del sistema, para que a través de ellos la ciudadanía se pueda expresar y tengo la convicción de que así lo harán las veinte y siete (27) organizaciones políticas reconocidas ante ese organismo electoral.

En nuestro caso, como Bloque Institucional Socialdemócrata (BIS) haremos lo propio, coincidiendo nuestros planteamientos con varias organizaciones y ciudadanos, en particular con el movimiento cívico no partidista Participación Ciudadana (PC), de que estos comicios deben efectuarse en el mes de julio de 2020. Sin embargo, nuestras organizaciones tienen realidades e intereses políticos que se conjugan con complejas situaciones legales y plazos.

En el plano sanitario mundial, observamos un panorama difuso respecto el tema de un tratamiento eficaz y de la obtención, a corto plazo, de una vacuna contra el Covid-19. Esto nos muestra una realidad palpable, planteándonos la imposibilidad material para poder realizar dos elecciones en tan corto tiempo y donde convocaríamos a millones de ciudadanos a exponerse a ser afectados fácilmente por tan contagioso virus.

Créanme que al igual que la mayoría del pueblo yo quiero votar por una opción diferente a los que detentan el poder actualmente. Desde que planteamos el tema de la posposición de las elecciones varios amigos y compañeros me señalan que no es beneficioso, desde el punto de vista político, estar hablando de este tema ya que con esto se desalienta la base de apoyo de la oposición. Y los entiendo. Pero como les expliqué más arriba, estamos ante realidades que no podemos ocultar.

En el caso de los dos bloques electorales que encabezan el Partido Revolucionario Moderno (PRM) y el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), junto a sus respectivos aliados, les conviene unas elecciones a breve tiempo; los primeros, porque se saben ganadores del próximo torneo electoral, esto basado en los resultados obtenidos en las pasadas elecciones municipales y porque así lo señalan las diversas encuestas publicadas; y los morados, porque para ellos estarían dadas inmejorables condiciones a los fines: en primer orden, la clase media opositora casi no votaría, la diáspora contestataria tampoco. Segundo, el apoyo de los sectores económicamente vulnerables sería mayor debido a la cantidad de ayudas sociales anunciadas y que están en fase de ejecución. Además, teniendo un gobierno activo donde ellos serían los únicos que estarían efectivamente en las calles, por ser estos los que tienen la responsabilidad de estar al frente de la administración pública, porque además cuentan también con recursos económicos ilimitados y, para su mayor suerte, tendrían unos comicios con poca observación internacional.

A esa realidad le sumamos el hecho cierto de que se realizaría una campaña no presencial, sería básicamente a través de los medios de difusión masiva (radio, televisión, redes sociales) lo que dividirá significativamente el espacio opositor, donde el expresidente Leonel Fernández estaría a sus anchas, ya que es un maestro de la exposición y con la experiencia acumulada por tantos años de ejercicio gubernamental, no les quepa la menor duda tendrá un porcentaje significativo del electorado que le votará y con ello estará garantizada una segunda vuelta electoral.

En adición a lo antes expuesto, debemos citar las complejísimas situaciones legales que obligarían a una posible reforma constitucional, en caso de queramos realizar dichas elecciones en los tiempos en que la mayoría de los partidos, que es el mes de julio. Sin embargo, tendremos que reconocer, según los expertos constitucionalistas, que ni la JCE puede posponer por más de 30 días las elecciones ni tampoco acortar el período de 45 días que debe existir entre la primera y la segunda vuelta electoral, por lo cual, de no hacerse así esto nos presagia una batalla legal que terminará en el Congreso Nacional y en el Tribunal Constitucional. En cuanto al tema del tratamiento y vacuna para lograr una cura efectiva contra el Covid19 y dadas las condiciones actuales, donde la comunidad científica internacional de las grandes potencias están inmersas en las fases de investigación, ensayos y pruebas clínicas para combatir este virus, lo más importante sería saber si para antes de agosto de 2020 habrá algún tratamiento o vacuna, medicamente probados, para este coronavirus, porque de verdad sería una irracionalidad el pensar convocar a millones de ciudadanos a los colegios electorales, cuando en esta realidad de vida y de economía confinada en que nos encontramos nos hace huirles hasta del saludo de los más cercanos familiares y amigos.

Sería un desatino conglomerar a nuestro electorado en condiciones que no sean las óptimas. Es simplemente impensable realizar unas elecciones, ya quisiera ser de verdad optimista, pero hurgando sobre las reales posibilidades de convocar estos comicios con un mínimo riesgo para la salud de nuestra población, créanme que los pronósticos para las mismas son casi nulos. El virus del sarampión y de la viruela, enfermedades milenarias, conseguimos liberarnos de los mismos en los años sesenta y ochenta, respectivamente. El VIH, descubierto en el 1983 y denominado como tal en el año 1986, con más de 35 millones de muertes a nivel mundial y todavía es la fecha que no tiene vacuna ni cura, aunque los tratamientos con retrovirales de última generación han mejorado la calidad de vida de los que portan dicho virus y el SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Severo) que gracias a Dios fue controlado y desapareció, no sabemos la efectividad de una vacuna, por la razón de que no se tuvo que llegar a probar la misma masivamente.

Toda la ciencia y recursos de las grandes potencias están a la disposición en la búsqueda de una solución a esta pandemia, sumergidos en esta carrera casi demencial de buscar tratamientos efectivos a la mayor brevedad posible que permitan disminuir la letalidad de este coronavirus y ni hablar de lo dificilísimo que será a breve término lograr vacunas probadas, y no experimentales, por el riguroso protocolo para su certificación, producción masiva y proceso de vacunación a la población.

Digámonos la verdad.

Estamos ante esta disyuntiva histórica de que un milagro de la ciencia produzca una solución a corto plazo y que dé garantías de bajo riesgo para exponer nuestra población a este mortal virus o de prepararnos para realizar un gran acuerdo entre los actores políticos y los poderes fácticos de la nación, ya que en el mes de agosto no tendremos otra opción que extender el período a los legisladores y elegir un Gobierno provisional de unidad nacional.

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