Por: José Álvarez Vallejo
En la República Dominicana y en nuestra diáspora muchos luchan toda una vida para construir un nombre mediante la ciencia, el arte, la educación, el trabajo profesional y el desarrollo empresarial. Lo hacen con sacrificio, talento y honestidad, y abren camino a sus comunidades ayudando a que otros aprendan y se superen Esos son los verdaderos ejemplos que debemos reconocer!
Pero existe otra realidad vergonzosa: personajes que alcanzan fortuna, fama y reconocimiento sin que importe demasiado de dónde proviene su dinero. Herencias mal habidas, dinero origen dudoso corrupción, contrabando, narcotráfico, tráfico de armas, influencias o cualquier actividad ilícita parecen quedar olvidados cuando llegan el poder económico y la popularidad.
¡Qué ironía! En ocasiones, parece que en nuestra sociedad no importa cómo se consigue el dinero, sino cuánto se tiene y cuántas personas se inclinan ante quien lo posee.
Y hay algo todavía peor: muchos, después de alcanzar fama y reconocimiento, no extienden la mano a nadie. No forman jóvenes, no comparten conocimientos, no abren oportunidades ni contribuyen al crecimiento de su comunidad. Su mundo termina donde comienzan sus propios intereses, sus negocios y sus familias.
Y cuidado, porque esa misma cultura también está contaminando a nuestra diáspora dominicana del exterior talvez por falta de identidad. Seguimos buscando y proyectando alianzas, protagonismo y asociaciones con personajes que no necesariamente han demostrado compromiso con su gente. ¡Confundimos fama con liderazgo, dinero con capacidad y popularidad con grandeza!
Los políticos han aprendido muy bien esa lección y quieren ser parte de esta estadística y sumarse una sociedad que no cuestiona el origen de las fortunas termina convirtiéndose en terreno fértil para quienes buscan poder sin compromiso ni vocación de servicio.
¡No todo el que tiene dinero es exitoso, no todo el que es famoso es digno de admiración y no todo el que ocupa una posición de poder merece respeto!
Una sociedad se mide por sus valores, por sus oportunidades y por lo que sus mejores hombres y mujeres hacen para que otros también puedan progresar.
Por eso me hago una pregunta:
¿A eso le llamamos sociedad dominicana?
¡Yo diría que cuando se pierde la vergüenza, se premia la corrupción, se idolatra el dinero y se abandona la solidaridad, dejamos de construir una SOCIEDAD para convertirnos en una SUCIEDAD!
¡Todavía estamos a tiempo de cambiar! Dejemos de aplaudir fortunas, fama y poder y comencemos a reconocer la dignidad, la honestidad y el verdadero servicio a los demás.




