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Santo Domingo.- Recordar. La palabra recuerdo, según el funambulista de las letras E. Galeano, deriva de recordis (‘que pasa dos veces por el corazón’) y, ciertamente, cuando recordamos, de alguna forma revivimos o rememoramos un hecho en particular.
Esto está bien explicado por la neurociencia, ya que las conexiones que existen entre el sistema límbico y la ínsula, con sus respectivas proyecciones hacia el sistema autonómico, se expresan en nuestro sistema cardiovascular, intestinal y vegetativo. No es baladí la expresión “El recuerdo es el perfume del alma”, pues al recordar se activan los mismos circuitos y áreas que cuando vivimos lo que estamos remembrando. Pero ¿qué pasa cuando esos recuerdos empiezan a desenhebrarse? ¿Cuando esa urdimbre que es nuestra memoria biográfica comienza a deshilarse?

No se trata del mero tecnicismo como recordar siete palabras en una lista de 10, nombrar cinco colores, nominar cinco palabras que se inicien con la letra p; es esa pieza medular que se va desencajando: lo que somos, nuestros seres amados, los rostros que se van desdibujando, quienes hemos sido y ya vamos olvidando, las pasiones que se van arrinconando, de dónde venimos y a dónde pertenecemos.

Cuando al maestro Borges le preguntaron quién era él, mordaz y lúcido respondió: “Soy todos los autores que he leído, toda la gente que he conocido, todas las mujeres que he amado, todas las ciudades que he visitado, todos mis antepasados”. El autor del Aleph definitivamente no se equivocaba, somos más que una serie de listas.

 

Cuando hablamos de enfermedad de Alzheimer y otros trastornos neurocognitivos, los profesionales en neurociencias nos enfocamos en los signos cardinales y ciertos puntos de alerta:

– Pérdida de la memoria que afecta la vida diaria: olvidarse de eventos, repetir lo que se dice o depender de más apoyos que lo ayuden a recordar.

– Dificultad para planificar o para resolver problemas.

– Dificultad para completar tareas que le sean familiares en la casa, el trabajo o durante el tiempo libre.

– Confusión con las horas, fechas o lugares.

– Problemas para entender imágenes visuales y relaciones espaciales.

– Nuevos problemas con palabras al hablar o escribir.

– Colocar cosas en el lugar equivocado y perder la habilidad de volver sobre los pasos.

– Disminución o falta de criterio.

– Abandonar las actividades laborales o sociales.

– Cambios en el estado de ánimo y la personalidad.

 

¿Qué pasa en la psiquis de una persona con alzhéimer en ese espacio entre las quejas cognitivas conscientes y la pérdida del insight o autocociencia? ¿Cuáles son esas encrucijadas por las que transita su yo? Desandar por un laberinto cuando sabe que algo anda mal, que ya no es el mismo y en ese claroscuro triste y lejano donde no sabe dónde está y digo triste pero tal vez estoy siendo purista obviando la llamada anosognosia que es el desconocimiento de la enfermedad y que no está del todo claro en qué punto la persona ya no sabe que no sabe.

 

Nos ocupamos de diagnosticar, abordar e implementar todas las medidas dinámicas y de vanguardia para mejorar la calidad de vida y la dignidad de los pacientes con la enfermedad de Alzheimer, de esos 50 millones de personas que viven con la peste del insomnio y el olvido, como la nombraría García Márquez en su ópera magna, y la cual lastimosamente el también terminaría padeciendo.

Los griegos equiparan la psiquis al alma. Psiquis, según la mitografía, es alada, inmortal imperecedera; el aparato psíquico se construye sobre la mente y los estudios funcionales ya nos dicen dónde reposa la mente en nuestro cerebro.

 

Este artículo mira ser mirado: ¿Qué pasa en la mente, en el alma, de las personas afectadas con alzhéimer? ¿Acaso cuando dicen me voy a mi casa o debo ir por la niña, realmente no están allí? ¿Se ha perdido su esencia? Fueron los mismos antiguos quienes expresaron: “A quienes los dioses quieren destruir primero lo vuelven loco”. Entre esos primeros atisbos conscientes de pérdida de memoria y el fracaso de la autovalencia, ¿cuánta destrucción psicoespiritual experimenta una persona con esta condición?

Esta semana que hacemos campaña de sensibilización y concientización sobre la enfermedad de Alzheimer, me pregunto, nos pregunto: ¿Realmente vemos la dignidad de las personas que viven con alzhéimer?

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