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Por: Martín Bolívar

La oposición política del país está lista para la pelea. Y su pelea no es otra que la de enfrentar a quienes están manejando el Poder.

En esta ocasión, manejando el Poder tenemos un Partido Revolucionario Moderno (PRM), negándose a aceptar que manejar el Poder es tener a mano un manjar que les corresponde disfrutar a sus miembros. Y que tienen sólo cuatro años para disfrutarlo, salvo imprevistos malsanos.

El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y su desprendimiento, la Fuerza del Pueblo (FP), concluyen un proceso de reconfiguración. Ya pasaron ocho meses después de cerrado el proceso electoral que catapultó al PRM, con más o menos méritos, a conducir el Gobierno.

Se ha calculado que por lo menos 70 altos dirigentes del PRM ocupan un 70 por ciento de los puestos de mayor responsabilidad pública. Están disfrutando del manjar del Poder. Tienen los mejores sueldos y también las canonjías que estos puestos arrastran consigo, con normalidad aceptada y legitimada por las reglas debidas. Sin autorización para excederse.

Frente a esa realidad, el resto de los centenares de miles de dominicanos que componen el padrón aceptado como legítimo por el PRM y que trabajaron para la victoria electoral de ese grupo, están a la espera de su porción de Poder. Por el Poder es que se trabaja en política, ¿verdad?

Los perremeístas reclaman y presionan al tiempo que exponen sus esperanzas en ese sentido. Creen deben tener acceso a manejar el Poder en puestos públicos de menor categoría. Y que les paguen por ello, igual que se les paga a sus dirigentes altos del partido, porque ahí es que reside la esencia de su aspiración legítima como legación política victoriosa, ¿verdad?

Ese es el panorama político nacional: una fuerza regular accede al Gobierno con sus retazos y adornos solidarios. El grueso de esas fuerzas y sus solidaridades quieren también gobernar. Y la oposición, todavía medrando en las reminiscencias del Poder gubernamental como hiedra irremediable, lista para presentar sus credenciales, más, no puntos de apoyos razonables.

El PLD y el FP, éste tal vez en mayor manera, porque tiene pactos anónimos con los que respaldó al PRM, son un gran peligro para quienes quieran ejercer un Gobierno con tranquilidad productiva para al final tener algo que exhibir y legitimar su vuelta a la carga.
El razonamiento de la mediocridad política recomienda que a los gobiernos hay que dejarlos que gobiernen solos. Que se coman su manjar solos. Esa ha sido históricamente la norma.

Los tiempos actuales, sin embargo, con una historia que gira con cambios inadvertidos hace que se gobierne en medio de sobresaltos para los gobernantes y numerosos motivos para incertidumbres de los gobernados.

Los del gobierno prometiendo tantos cambios, a los que siguen adicionando nuevas promesas, que muchos piensan que no darán para tanto.

Dos contra uno

Por lo dicho hasta aquí es fácil colegir que de lo que se trata es de la existencia de dos fuerzas políticas reorganizadas para su fortalecimiento en la oposición, tras la resaca de la derrota. Hasta ahora, operan como fuerzas individuales.

Nada impide a la luz de la historia política nacional, que esa oposición fraccionada se amarre con pactos y alianzas en el proceso, para enfrentar a los gobernantes actuales. En eso han empezado con rapidez. PLD y FP podrían juntarse buscando ser opción para que su gente se trepe al gobierno, de nuevo.

El PLD con su nuevo presidente Danilo Medina no es que esté tan deteriorado. Lo demuestra en la rapidez de su restauración como fuerza política. Tienen estructura y recursos humanos. Todos en su entorno reconocen que los peledeístas disponen de recursos financieros, acumulados durante varios lustros de ejercicio gubernamental.

La FP no tiene como esconder que también dispone de similares recursos a los que se les concede a los del PLD. Leonel Fernández fue el más lucrado con esos lustros de gobierno de que se habla. La FP (Fuerza del Pueblo) tiene como jefe, líder o lo que sea, organizando sus estructuras a quien hasta hace unos días lidereó al PLD. Lo conoce bien. Ahí están sus mejores compañeros de lucha. Tanto el PLD como la FP proclaman que su mentor ideológico es Juan Bosch. Ahí, entonces, no hay espacio para inventos.

Al riesgo: Tirso Mejía advierte

El mayor riesgo que tiene por delante el PRM, como partido y como ejecutor gubernamental es que con su staff supremo en los mejores y más rentables puestos públicos, luce no tener tiempo para su reestructuración y las reformas debidas. Es un riesgo porque se gobierna en un mundo político. Un grupo político en el gobierno tiene muchos retos por delante frente a los votantes. Y si sus cuadros directivos están ocupados, como parece, en gestiones gubernamentales, no habrá posibilidad de que esos mismos cuadros salgan a la calle a soportar y dar su fortaleza al gobierno, en caso de necesidad. La que es siempre permanente.

En ocho meses hay ya suficientes visos de que la gente gobernante carece de apoyo suficiente en los grupos sociales. Apoyo decidido y sin mezquindades, no aparente y simulado.

Los del PRM que reclaman su porción de manjar para alimentarse y tener fuerzas para respaldar su gobierno, hasta ahora, no son tomados en consideración. Eso es lo que están diciendo los quejosos.

En una reciente participación pública en televisión, Tirso Mejía Ricart, de la cúpula actual del PRM, rememoró para advertir que una de las circunstancias que contribuyó a que Juan Bosch, en 1965, no pudiera retener el Poder, fue la debilidad de haberse estado peleando con su Partido Revolucionario Dominicano (PRD), que tenía como presidente a Ángel Miolán, con quien se enemistó Bosch expulsándolo de su régimen. Y ahí, quedó huérfano de sostén partidario y de base para su defensa inmediata. Eso es historia reciente para asimilaciones prácticas.

Tal vez, parte de la razón de la debilidad social del actual gobierno podría ser que no se ha rodeado de las viejas cabezas con canas y calvicies que pudieran servirle de Junta de Notables y consultores para medidas claves que tiene que adoptar en todos los órdenes. En su caso, en las áreas sociales, políticas, económicas y más que nada, para garantizar la salubridad de la población y los mejores vínculos internacionales para el país y su gobierno.
Lo que Mejía Ricart y otros están sometiendo a análisis hacia dentro del viejo PRD, hoy PRM, no sería distinto a lo que se podría aplicar al PLD, cuando ascendió al control de las instituciones del Estado, en 1996.

Danilo Medina

Con Leonel Fernández en la presidencia del PLD, se recuerda que la totalidad de los dirigentes del partido fueron colocados en los puestos públicos. Los roles de la dirigencia del PLD se confundieron con los roles obligados de los funcionarios públicos. Se llegó, en esa ocasión, al extremo de realizar las principales reuniones partidarias en los amplios salones del Palacio Nacional, sede del Gobierno.

La derivación de tal circunstancia del peledeísmo la vivió ese partido en los años sucesivos. Extraer el máximo beneficio material al Estado para beneficio de sus cuadros directivos, fue una derivación. “Llegaron en chancletas y salieron en yipetas”, se les decía. Y se les cantaba a gritos en la cara la consigna barrial de “comesolos”.

Leonel Fernández

A la larga llegó la división del PLD en dos grupos contradictorios y su definitiva expulsión de los controles del Estado bajo sospecha de haberse enriquecido personalmente y debilitado las instituciones del sistema a la par que su propio grupo partidario.

Lo que dice Mejía Ricart de un PRM insuficiente para gobernar y duplicarse en el manejo de ese partido, se refleja de manera concreta en la figura del presidente del grupo, José Paliza, todo un Ministro adjunto al presidente Abinader y con la función partidaria totalmente marginada, por lo menos en apariencia. Con el vicepresidente de ese mismo PRM con el Ministerio de mayor fuerza financiera en sus manos, el de Educación, Roberto Fulcar. Y con la secretaria general del PRM, manejando la complicada y reducida en recurso plaza del Ayuntamiento del Distrito Nacional.

Signos peligrosos

Si el gobierno de Luis Abinader y el PRM están siendo minados y torpedeados desde su propio seno, podrían servir de elementos bajo sospecha los distintos disturbios convertidos en triviales discusiones hacia dentro del gobierno.

Se le ha querido dar autonomía e independencia para que opere por su cuenta según las reglas al Ministerio Público, pero se le presiona para que agilice y haga que fructifique uno de los cambios prometidos por el PRM y su gobierno, fustigando y haciendo que aterrice la lucha contra la corrupción, con los sometimientos debidos.

Pero ya se dice que en la Junta Central Electoral (JCE), el PRM, hasta ahora, ha tenido algunos logros, a duras penas, con gente que cree es apolítica en esa institución.
Queda pendiente el arreglo de la corrupta Cámara de Cuentas, que según el comentarista y periodista Huchi Lora está planteando como un primer fracaso del cambio proclamado, puesto que se hace evidente que no se persigue la corrupción habida, y mucho menos se está por escoger lo mejor para corregir el pasado.

Casos del aborto y sus tres causales, las discusiones generadas en la misma sede de gobierno con el tema de la gobernadora Cruz, de Montecristi, con su promesa de que el manjar del Poder deberá ser repartido en la base de su partido, y más recientemente, los incidentes que están caracterizando a la Policía Nacional, éstos más que tradicionales, cuando en ese órgano se presionan cambios de mandos. Esto, tal vez, inobservadamente, también en los estamentos de las Fuerzas Armadas. Son grupos repletos de conspiradores que para desgracia del PRM y su gobierno han estado amamantados por las pezuñas rústicas y ávidas del PLD, ahora adjuntadas a su ripio llamado Fuerza del Pueblo.

Cuando se califica en esos términos a la FP no es que se quiera ser discriminatorio e injustos con esa agrupación, ya que son ellos mismos quienes dicen ufanos que se están nutriendo de las tripas del PLD, como grupo y en un intento por repartirse también las áreas de la Justicia y el Congreso Nacional, entre otras instituciones que se legitiman en el Estado.

Todo este cuadro hace que se reflexione y que la buena fe recomiende que el PRM se movilice, se reorganice, y se ponga a trabajar con miras a fortalecer la base social de su gobierno. De lo contrario, se le vendría el tiempo encima sin asomo de haber logrado cambios fundamentales en el funcionamiento del sistema.

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