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Por: Germán Martínez

Ningún Presidente de ningún país del mundo es monedita de oro para caerle bien a todo el mundo, pero algo es cierto, si no todos, una gran mayoría de sus conciudadanos quisieran estar en la posición de quien ostenta la Presidencia de la República.

Muchos aducen que la posición llena de grandes beneficios al que la tiene y su familia, algo que se nota a leguas que no es cierto, basta ver como entran y cómo salen, llenos de arrugas y canas.

Aquellos que aspiran a ser, intentado volver más de una vez, son si no enfermos de poder, víctimas de apetencias y compromisos no muy santos, y de los que hemos tenido muchos en nuestro país donde los aspirantes a la llamada silla de alfileres se dan silvestres.

Los enemigos, existen, los adversarios igual, no se detienen a pensar que ningún gobierno o Presidente quiere fracasar, que las circunstancias y las coyunturas en política determinan muchas cosas, de ahí que nadie les cree a los que culpan de todo lo malo al gobierno, y menos en momentos tan difíciles como los que vivimos, y cuando se tiene un Presidente que trabaja más de 15 horas, que no tiene necesidad de ocultar nada, y que es Presidente por vocación de servicio a su país, herencia de su progenitor, igualmente un hombre al servicio de su patria como político honesto y educador consagrado, no para beneficio mercurial suyo o de sus familiares como otros.

 

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