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El pasado sábado 1 de enero, durante una misa en conmemoración al 218 aniversario de la independencia de Haití, su primer ministro salió ileso de un atentado a tiros en el que murió una persona y otra resultó herida.

El atentado al premier haitiano se produce iniciando el año 2022, y en momentos en que Haití todavía no ha podido identificar de manera convincente los autores intelectuales del asesinato de su presidente Moise y ante una pasmosa indiferencia de las potencias y de la ONU, que se niegan rotundamente a intervenir en Haití apostando a una ilusoria normalización institucional y democrática.

La realidad es que no hay Estado haitiano. Es una ficción. Haití está controlado por el narco y bandas de delincuentes que tienen control efectivo de su territorio y población.

Las potencias y la ONU han concentrado su ayuda al supuesto fortalecimiento de la policía haitiana, desconociendo que las armas, los recursos, los entrenamientos de personal, en corto plazo se traducirán en fortalecimiento de las bandas y el narco, que con sus poderosas billeteras de poder tendrán a esos hoy hombres de uniforme a sus servicios particulares.

La verdad es que Haití arranca el 22 al borde de una guerra civil. Es una quimera pretender que, en la situación que impera de aquel lado, se podrán hacer elecciones libres y democráticas, salvo que sean las propias bandas las que se pongan de acuerdo y escojan un presidente.

Ante esta situación y su gravedad es urgente que el gobierno inicie cuanto antes la construcción del muro fronterizo y aplique de manera estricta la Ley de Migración. Es la única manera de dar respuesta a la invasión masiva y pacífica que se está produciendo de nuestro territorio.

Las noticias nos llegan de todo el país. Y es que a pesar de los esfuerzos del presidente Abinader en el de envío tropas a la frontera, sigue imparable el tráfico humano, incluyendo la mafia de embarazadas que inundan maternidades de República Dominicana.

El pueblo está esperanzado en que este año 2022 nuestro territorio e integridad como nación sea defendida enérgicamente por nuestro gobierno, que debe pasar de la prédica a los hechos tangibles para frenar esta ocupación pacífica y masiva de Haití sobre el territorio nacional.

Como no me cansaré de repetir, el país requiere gran unidad nacional en este tema de Haití.

Existen y se multiplicarán presiones sobre nuestro gobierno y el presidente Abinader, para frustrar la construcción del muro y la reacción del Estado con las repatriaciones. El Presidente debe saber que tiene su pueblo detrás, unido para defender la Patria, que está en grave riesgo de supervivencia de no parar esta oleada masiva haitiana.  Hora de nación, hora de Patria.

Presidente, tire pa´lante en este tema. ¡Es hora decisiva e histórica!

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