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Por: Andres Oppenheimer . – Hay varias teo­rías sobre qué hay de­trás de las protestas vio­lentas sociales en Colombia, Chile y otros países latinoa­mericanos. Las explicacio­nes van desde un aumento significativo de la pobreza causado por la pandemia de COVID-19 hasta un posible plan de la dictadura de Ve­nezuela para desestabilizar la región.

Pero, mirando las pro­testas que han paralizado a Colombia en estos días, el factor más importante, y a menudo pasado por alto, probablemente sea el dra­mático aumento del nú­mero de jóvenes que ni es­tudian ni trabajan. Son los así llamados “ni-nis”, que se han multiplicado durante la pandemia.

Lo que es especialmente preocupante es que los “ni-nis” también han aumen­tado en Argentina, Brasil, México y otros países, lo que podría causar una ines­tabilidad igual o mayor a ni­vel regional. América Lati­na es una de las regiones del mundo donde la pandemia ha provocado los mayores aumentos del desempleo ju­venil y la deserción escolar.

Una de las cosas que más me llamó la atención duran­te un panel sobre Colombia organizado por el centro de estudios Diálogo Interame­ricano en Washington fue que todos los participantes señalaron a los “ni-nis” co­mo los protagonistas clave de las protestas en ese país.

La gran mayoría de los manifestantes que están bloqueando las carreteras que conducen a Cali, una de las ciudades más prós­peras de Colombia, son jó­venes desempleados, dije­ron. El setenta por ciento de las empresas de Cali se han visto obligadas a cerrar y la ciudad está prácticamente paralizada.

“Los ni-nis han perdido las esperanzas, están deses­perados”, dijo el ex alcalde de Cali, Maurice Armitage. “Son muchachos que han perdido la confianza en las instituciones, en el gobier­no, en el alcalde, en la poli­cía, en la empresa privada. No confían en nadie”.

El porcentaje de jóvenes colombianos que ni estu­dian ni trabajan aumentó del 19 por ciento del total a mediados de 2019 al 33 por ciento del total a mediados de 2020, según la agencia oficial de estadísticas DANE de Colombia.

Es probable que ese por­centaje sea mayor hoy, por­que el impacto económico de la pandemia fue mayor en la segunda mitad del año pasado.

Y hay una alarmante can­tidad de jóvenes que aban­donaron la escuela desde el inicio de la pandemia, se­gún el Banco Mundial. En muchos casos, dejaron de estudiar porque sus univer­sidades han estado cerra­das desde el comienzo de la pandemia y no tenían una computadora o una buena conexión de internet en su casa para estudiar remota­mente.

Para empeorar las cosas, la mayoría de estos jóve­nes reciben las noticias por Whatsapp o Youtube, y a menudo son noticias falsas que circulan por las redes sociales. Los “ni-nis” con te­léfonos inteligentes pueden organizar manifestaciones en cuestión de minutos, sur­giendo de la nada y esqui­vando a las fuerzas policia­les.

Según una encuesta re­ciente de la juventud co­lombiana realizada por la Universidad de Rosario y el diario El Tiempo, el 51 por ciento de los jóvenes colom­bianos reciben las noticias por las redes sociales. La combinación de un aumen­to del desempleo juvenil, el cierre de las escuelas provo­cado por la pandemia y un consumo sin precedentes de noticias falsas es un cóctel explosivo.

Gran parte de la prensa colombiana se ha centrado en acusaciones de un exce­sivo uso de la fuerza policial y, desde el otro lado del es­pectro político, denuncias de que manifestantes vio­lentos están paralizando el país para acabar con la de­mocracia y abrirle el camino a un régimen chavista.

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