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Madrid.- El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres celebró la entrada en vigor del primer Tratado sobre la Prohibición de las Armas nucleares, un acuerdo aprobado en 2017 por 122 naciones y ratificado por 50 estados que supone el primer pacto multilateral de desarme atómico en más de dos décadas.

El convenio forma parte ahora del derecho internacional, culminando una campaña de varios períodos en la historia de la humanidad, en el cual se buscaba evitar la repetición de los bombardeos atómicos de Estados Unidos sobre Hiroshima y Nagasaki al final de la Segunda Guerra Mundial. Pero hacer que todas las naciones ratifiquen un documento que les exige que nunca posean este tipo de armas parece complicado, sino imposible, en el escenario mundial actual.

Cuando la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó el acuerdo en julio de 2017, más de 120 le dieron el visto bueno. Entre ellos no estaban ninguna de las nueve naciones que se cree que tienen armas nucleares Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña, China, Francia, India, Pakistán, Corea del Norte e Israel ni las 30 que integran la OTAN.

Japón, el único país que ha sufrido ataques nucleares, tampoco lo respalda, aunque los ancianos sobrevivientes de los bombardeos de 1945 presionan para que esto ocurra. Japón renuncia por sí mismo al uso y posesión de armas nucleares, pero el gobierno dijo que un acuerdo de prohibición no es realista ante la profunda división entre estados nucleares y no nucleares.

La Desición requiere que todos los países ratifiquen que  “nunca, bajo ninguna circunstancia, desarrollen, prueben, produzcan, manufacturen o adquieran, posean o almacenen armas nucleares u otro tipo de dispositivos explosivos nucleares”. Además prohíbe cualquier transferencia o uso de armas y dispositivos explosivos nucleares y la amenaza de utilizarlos y exige que las partes promuevan el texto a otros países.

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