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Por: Manolo Pichardo. – Los desafíos de las nuevas tec­nologías y nue­vos actores que surgen y se igualan o desplazan a los que la dominaban para mejorar los procesos pro­ductivos, junto a la recom­posición de los mercados y la creación de grandes blo­ques económicos, comien­zan a dar señales en el Fo­ro Económico Mundial de un desplazamiento del po­der global. Esta organiza­ción, conocida como el Fo­ro de Davos, porque desde la primera convocatoria en el año el 1971 realiza los encuentros que reúne al liderazgo político y em­presarial del mundo con la finalidad de, a través de alianzas público-privadas, elaborar propuestas y bus­car soluciones a los gran­des problemas que enfren­ta el mundo, se congrega en el Monte de Davos, Sui­za.

Pero resulta que de es­ta localidad occidental, el encuentro que debió cele­brarse en 2021, cancelado debido a la pandemia cau­sada por la Covid-19, se movió a una ciudad orien­tal, Singapur; mudan­za que a decir de algunos analistas especializados en temas internacionales, no responde al deseo de romper con el aburrimien­to que provoca ir todos los años al mismo lugar a dis­cutir los mismos temas; si­no, a un vuelco hacia Asia por lo que comienza a re­presentar en el nuevo jue­go de poder global.

Desde el inicio de las reformas en China, en 1979, Davos comenzó un proceso de acerca­miento con el país asiá­tico, y no fue sino hasta el 1991 que una delega­ción asistió a la actividad en representación del Go­bierno; luego sucesivas comisiones gubernamen­tales harían presencia en la ciudad suiza en reco­nocimiento a la impor­tancia y el peso de esta organización no guberna­mental. A medida que las reformas se profundiza­ban y el gigante oriental se convertía en pieza cla­ve para la estructuración de políticas diseñadas pa­ra su aplicación a nivel global, China se convir­tió en tema recurrente, y no era para menos, su rápido ascenso, que lle­vó al desplazamiento de Alemania y Japón, como segunda y tercera econo­mías del mundo, indica­ba que ya, como principal rival económico de Esta­dos Unidos, el próximo paso sería ir por el máxi­mo liderazgo, en un mun­do en franco movimien­to y cambios veloces en el que las fuerzas producti­vas diseñan una multipo­laridad que advierte un globo compartido, reali­dad asimilada por el pre­sidente Xi Jinping, que decidió asistir por prime­ra vez a la reunión reali­zada en el 2017.

La asistencia del pre­sidente Xi se produjo en medio de comentarios po­sitivos entre políticos y empresarios que conver­gen en estos encuentros;

Klaus Schwab, fundador del Foro, resaltó, por ejem­plo, que “el éxito de la re­forma y apertura de China han dejado una gran im­presión en la gente”, por lo que como consecuencia de esto manifestó el deseo de “compartir las ideas y ex­periencias de China”, por­que “hoy en día”, insistió, “necesitamos el apoyo de China para afrontar las di­ficultades de la economía mundial, y la reforma de la gobernanza económica internacional espera an­siosamente a China”. Fi­jémonos que dijo “an­siosamente”, para luego expresar que “Davos espera ‘la buena voz’ de China”; así lo resaltó una publicación del medio chino Diario del Pueblo, poco antes del arri­bo de Xi al Foro.

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